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LOS PROFESORES MAYORES ANTE EL RETO DE LAS CLASES EN LÍNEA


Solo el 35% de la población mayor de 55 años es usuaria de Internet en México.

El pasado mes de agosto el regreso a clases en México se llevó a cabo de manera virtual debido a la pandemia por la covid-19. Desde entonces, alumnos y profesores reciben e imparten las materias a través de una pantalla. Mientras la escuela pública lo hizo a través de la programación en la televisión abierta; la educación privada, así como la universitaria, regresaron a las aulas de manera virtual a través de clases en línea.

El doctor Alfonso Huitrón, de 61 años, es profesor universitario de Introducción a la Técnica Quirúrgica en la Universidad Anáhuac en Cancún, Quintana Roo (sureste de México). Su cara se hizo conocida en el país por ser el reflejo de muchos docentes poco familiarizados con Internet, las redes sociales y las plataformas digitales en este momento en el que hacemos todo a través de una pantalla.

Muy angustiado frente a la cámara, el profesor no consiguió compartir desde su computadora algunos videos que tenía preparados. Sus alumnos le mandaron mensajes de apoyo y se ofrecieron a ayudarle con los asuntos técnicos de las clases. Huitrón, emocionado, recuerda el gesto de sus estudiantes: “Agradezco que fueran tan empáticos conmigo. La clase que yo doy es presencial y tener que impartirla así es todo un reto”, señala a Verne, a través del teléfono. “Me cuesta trabajo aprender a esta edad. Sé que no soy un viejo decrépito, pero con 61 no tienes la misma facilidad que tienes de joven para aprender cualquier cosa. Ahora tengo que borrar parte de mi disco duro para aprender cosas nuevas”, bromea el profesor.

Al igual que Alfonso Huitrón, otras personas se encuentran la misma situación con una brecha digital que aleja a nuestros mayores de la comunicación en línea. Sólo el 35% de la población mayor de 55 años en México es usuaria de Internet y la mayoría posee unas habilidades digitales bajas, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). En momentos tan complejos, la brecha digital está dejando aislado a uno de los grupos más vulnerables de la población y pone en riesgo su puesto de trabajo por no poder adaptarse a los requisitos tecnológicos del trabajo desde casa.

Araceli Salgado, maestra de 62 años, da clases de primaria en un colegio de Ciudad de México. Ha cambiado el salón de clases por el salón de su casa que tiene decorado con un gran abecedario y un cartel con las letras ‘Bienvenidos’ en colores. Gracias a la ayuda de su marido, José, Araceli consigue conectarse a Google Meet cada día para ver a través de la pantalla a sus 18 alumnos de 7 años.

“Yo no manejo la computadora, él me está enseñando y mi hija me ayuda a hacer algunas presentaciones”, dice la maestra. “Antes de esto, yo solo usaba el celular y ya. Como mucho el Whatsapp, pero no la computadora. Les dije a los padres que íbamos a ir aprendiendo poco a poco. Algunos de mis alumnos también se sienten frustrados porque son muy pequeños y no saben donde tienen que picarle y lloran, pero vamos aprendiendo en el camino”, asegura Salgado que cada cierto tiempo repite la frase “poco a poco”, como si fuera un mantra.

El reto de Cyntia Juárez es aún mayor. Esta profesora de educación infantil de San Luis Potosí (centro del México) tiene el reto de mantener pegados a la pantalla a niños de 4 años. “Echo mucho de menos a mis niños”, dice la maestra de 49 años mientras se seca las lágrimas al otro lado del teléfono. “Cuando no están las cosas, se extrañan y se valoran más”, reflexiona Juárez. “Extraño el contacto, abrazarles, cantar con ellos, la convivencia con mis compañeras”. Cyntia Juárez cuenta que con la nueva situación ha tenido que comprarse una nueva computadora y mejorar el plan de Internet en su casa por uno más caro. “En total casi 20.000 pesos (900 dólares)”, señala.

Algunos problemas que enfrenta la educación privada con la crisis del coronavirus es el impago y el absentismo escolar. “El pago de los niños es el pago de los maestros, pero muchas familias prefieren mandar a los hermanos más grandes a primaria y secundaria, antes que a los hermanos más pequeños al kínder”, explica Juárez. En el colegio de Araceli Salgado sucede algo parecido, lo que también pone en riesgo el trabajo de los profesores. “El año pasado tenía 24 [alumnos] y de esos 24, solo se inscribieron 14 para el próximo curso”, señala.

Ambas maestras reconocen que ante el reto que se les vino encima se arman de paciencia y escriben en un cuaderno, paso por paso, dónde tienen que pulsar para cada cosa. “Yo le digo a mi esposo que me lo repita y me apunto hasta la contraseña”, cuenta divertida Araceli. Después de las primeras semanas, el profesor Huitrón aprendió a compartir pantalla y comunicarse con sus alumnos a través de la plataforma de la Universidad. “Recibí mucho apoyo no solo de mis alumnos, la Universidad se puso en contacto conmigo para ayudarme de tal manera que la siguiente clase salió mucho mejor y ya no estuve compungido ante la cámara”, recuerda.

“Espero aprender por mi bien y por el bien de los niños pero también le pido a dios que esto se acabe pronto para regresar a la escuela y ver de nuevo a los alumnos. Nunca va a ser igual dar clase en línea que presencial. El contacto humano también es parte del aprendizaje”, dice la profesora Salgado.


REFERENCIA:

https://verne.elpais.com/verne/2020/10/07/mexico/1602027899_808792.html