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Educación Socioemocional, pilar de la educación integral y asignatura pendiente en los miembros del magisterio.

La Guía Santillana Educación Socioemocional

Reformas educativas van y vienen, cambios en los planes y programas que de repente pueden desconcertar mantienen en alerta a todos aquellos que de una u otra forma trabajamos en el sector educativo. La administración anterior integró al currículo académico la asignatura de Educación Socioemocional como un espacio donde se brindara a los estudiantes herramientas de autoconocimiento y para mejorar la convivencia escolar. En la publicación de los Aprendizajes Clave para la Educación Integral (SEP, 2017, 518), esta educación se define como “un proceso de aprendizaje a través del cual los niños y los adolescentes trabajan e integran en su vida los conceptos, valores, actitudes y habilidades que les permiten comprender y manejar sus emociones, construir una identidad personal, mostrar atención y cuidado hacia los demás, colaborar, establecer relaciones positivas, tomar decisiones responsables y aprender a manejar situaciones retadoras, de manera constructiva y ética”.

Tal definición pone de manifiesto dos realidades en las que pensar: la primera, si bien la formación humana, en valores y actitudes es responsabilidad primordial de la familia como parte de los deberes supuestamente adquiridos por los padres y madres… algo ha pasado en el camino y hoy se hace necesaria la intervención de la escuela para apoyar esa formación debilitada por las demandas laborales, las necesidades económicas, los conflictos que abruman la vida familiar; segunda, los docentes no podemos llevar a cabalidad esta propuesta (ni la original ni la reformada por el actual gobierno) si no contamos, primero, con la madurez y formación suficiente para acompañar a nuestros estudiantes en ese proceso de autoconocimiento, manejo de emociones, cuidado a los demás, relaciones positivas, etc. ¿Cómo puede hablarle un docente a sus alumnos de autocontrol cuando él se exaspera ante la indisciplina? ¿Cómo hablarles de toma de decisiones responsables si el docente falta a su trabajo por cuestiones secundarias o no cumple en tiempo y forma con la entrega de lo que se le solicita? ¿Cómo enseñar la colaboración si en cada junta de consejo nos metemos el pie unos a otros?

La labor no es nada sencilla, y aunque esta asignatura ha quedado como un agregado secundario a la formación netamente académica, si en realidad pretendemos que la educación en nuestro país sea integral, no podemos cerrar los ojos ante la gran responsabilidad que ahora se nos está encomendando de manera explícita. Siempre el docente ha sido partícipe de la formación humana de sus interlocutores con su conducta y con su ejemplo. Si los niños, niñas y adolescentes aman el estudio es gracias a sus maestros; si repelen la escuela, también es gracias a sus maestros. Somos nosotros, con nuestro trabajo, modelo de acción. Siempre lo hemos sido, pero ahora se nos pide ir un paso más allá y, para responder con eficacia, se hace necesario voltear a nuestro interior, a nuestra propia historia, ver qué tanto nosotros mismos poseemos o no esas habilidades socioemocionales, qué tanto cuidamos a los demás, en qué medida asumimos las consecuencias de nuestras decisiones, cómo manejamos nuestros sentimientos, etcétera.

Debemos tomar esta asignatura en serio, porque, aunque su evaluación no entre con un valor numérico en el promedio final de nuestros estudiantes, los frutos que desde ella podamos recoger se verán en una mejor convivencia escolar. Somos seres pensantes, pero también somos seres sintientes. Ahora la ciencia respalda estos argumentos; los sentimientos son invitados de honor a nuestras aulas. Démosles la bienvenida como una vía humana, para ser más humanos en un mundo cada vez más material. Podemos y debemos hacer la diferencia.

Mtra. María del Carmen Lebre